martes, 21 de julio de 2015


CULPABLES Y VICTIMAS A LA VEZ

Se denomina contaminación ambiental a la presencia en el ambiente de cualquier agente o bien de una combinación de varios agentes en lugares, formas y concentraciones tales que sean o puedan ser nocivos para la salud, la seguridad o para el bienestar de la población, o bien, que puedan ser perjudiciales para la vida vegetal o animal, o impidan el uso normal de las propiedades y lugares de recreación y goce de los mismos. La contaminación ambiental es también la incorporación a los cuerpos receptores de sustancias sólidas, liquidas o gaseosas, o mezclas de ellas, siempre que alteren desfavorablemente las condiciones naturales del mismo, o que puedan afectar la salud, la higiene o el bienestar del público.

Más de 2 millones de muertes al año se producen, alrededor del mundo, a causa de la contaminación que sufre el aire que respiramos, la tierra de la que nos alimentamos y el agua que bebemos. La contaminación ambiental se produce cuando varios gases nocivos para la salud, tanto químicos, biológicos como físicos alteran el medio en que vivimos. Se considera que un ambiente es contaminado cuando cambian sus características y atenta contra la salud de los seres vivos y la calidad de los recursos naturales.

A medida que aumenta el poder del hombre sobre la naturaleza y aparecen nuevas necesidades como consecuencia de la vida en sociedad, el medio ambiente que lo rodea se deteriora cada vez más. El comportamiento social del hombre, que lo condujo a comunicarse por medio del lenguaje, que posteriormente formó la cultura humana, le permitió diferenciarse de los demás seres vivos. Pero mientras ellos se adaptan al medio ambiente para sobrevivir, el hombre adapta y modifica ese mismo medio según sus necesidades.

El progreso tecnológico, por una parte y el acelerado crecimiento demográfico, por la otra, producen la alteración del medio, llegando en algunos casos a atentar contra el equilibrio biológico de la Tierra. No es que exista una incompatibilidad absoluta entre el desarrollo tecnológico, el avance de la civilización y el mantenimiento del equilibrio ecológico, pero es importante que el hombre sepa armonizarlos. Para ello es necesario que proteja los recursos renovables y no renovables y que tome conciencia de que el saneamiento del ambiente es fundamental para la vida sobre el planeta

La contaminación es uno de los problemas ambientales más importantes que afectan a nuestro mundo y surge cuando se produce un desequilibrio, como resultado de la adición de cualquier sustancia al medio ambiente, en cantidad tal, que cause efectos adversos en el hombre, en los animales, vegetales o materiales expuestos a dosis que sobrepasen los niveles aceptables en la naturaleza.

La contaminación puede surgir a partir de ciertas manifestaciones de la naturaleza o bien debido a los diferentes procesos productivos del hombre que conforman las actividades de la vida diaria.
Las fuentes que generan contaminación más importantes son: industriales, comerciales, agrícolas, domiciliarias y fuentes móviles. Como fuente de emisión se entiende el origen físico o geográfico donde se produce una liberación contaminante al ambiente, ya sea al aire, al agua o al suelo. Tradicionalmente el medio ambiente se ha dividido, para su estudio y su interpretación, en esos tres componentes que son: aire, agua y suelo; sin embargo, esta división es meramente teórica, ya que la mayoría de los contaminantes interactúan con más de uno de los elementos del ambiente.


Con frecuencia se descubren nuevas formas y fuentes de contaminación, que afectan al ambiente y a la salud. En la era moderna y con el violento desarrollo de nuevas tecnologías y productos surgen nuevas fuentes contaminantes, que al inicio parecen inofensivos, y luego se demuestra que ocasionan daños a la salud física o mental de las personas o al ambiente (extinción de especies y degradación de recursos básicos como agua, suelo, bosques, etc.). Es nuestro deber y obligación cuidar el lugar donde vivimos porque de ello dependerán las generaciones futuras, está en nuestras manos hacer el gran cambio 

EDUCACIÓN EN DECADENCIA

Si el Estado quiere hacer algo para contribuir a elevar el nivel de la educación superior en el Perú, el camino no es el que él parece pensar: intervenirla para cambiarla desde la burocracia. El camino es el contrario: empoderar al consumidor para que este tenga mejor información sobre lo que le ofrece cada universidad e instituto superior  y para que, por lo tanto, al escoger entre ellos con información más real, pueda hacer correspondientemente más intensa la competencia por atraerlo.

Educación superior, enseñanza superior, estudios superiores o educación terciaria, se refiere a la última etapa del proceso de aprendizaje académico. Se imparte en las universidades o academias superiores
En este sentido, hay dos cosas muy concretas que el Estado puede hacer. La primera, divulgar información acerca de los resultados de las universidades e institutos superiores para ayudar a corregir las asimetrías informativas que a la fecha existen en muchos aspectos del mercado de la educación superior. Y la segunda, dar la libertad que hoy les niega a los institutos superiores para realizar una serie de cambios que les permitan pulirse y adaptarse mejor a las necesidades de la demanda.

En el Perú el 46% de los egresados de las universidades está subempleado, es decir, trabajan en oficios de menor calificación, al mismo tiempo que el 50% de las empresas grandes del país declara tener dificultades para contratar mano de obra calificada. Esto significa que las universidades producen profesionales que las empresas no contratan, y que las empresas necesitan profesionales o técnicos que las universidades o institutos tecnológicos no producen, sea porque están preparando profesionales o técnicos en ramas que no tienen demanda, sea porque la calidad de la educación que se imparte en esas instituciones es muy deficiente y sus egresados carecen de las calificaciones necesarias.
El asunto se está convirtiendo en unos temas muy serios para nuestro crecimiento, que está demandando cada vez más trabajadores y profesionales especializados. Según las encuestas de Enaho, por ejemplo, entre los años 2004 y 2012 la demanda por trabajadores calificados con educación superior se incrementó en 40%, mientras la demanda por trabajadores sin educación superior solo aumentó 13%.
Es clara, pues, la necesidad de mejorar perentoriamente la calidad de nuestra educación superior universitaria y técnica y de reorientar su oferta de carreras a la demanda del mercado.  Un método práctico para avanzar hacia estos objetivos: informar a los jóvenes y a sus padres acerca de qué porcentaje de los egresados de cada facultad de cada universidad e instituto tecnológico está trabajando en aquello para lo que estudió.

Luego está el tema de la falta de libertad de los institutos superiores para tomar decisiones que les permitan mejorar la calidad y adaptarse más rápidamente a la demanda. Este problema exige modificar la Ley de Institutos y Escuelas de Educación Superior a fin de eliminar el controlismo del que son objeto por parte del Ministerio de Educación. En la actualidad cualquier decisión relativa a la creación de programas o carreras y hasta a cambios en la malla curricular debe ser aprobada por el ministerio. El resultado es que la aprobación de una nueva carrera puede demorar dos años, por citar un ejemplo. O que los institutos no pueden, por nombrar otro, tener varias sedes en el interior del país, algo absurdo.
También habría que acabar, desde luego, con las trabas irracionales que el Ministerio de Trabajo pone a estos institutos al hacerles casi imposible firmar convenios con las empresas para que los estudiantes puedan practicar en ellas mientras estudian lo que posibilitaría a los institutos ofrecer una serie de nuevas carreras técnicas.
En suma, la mejora requerida cada vez más urgentemente por nuestra educación superior pasa por liberar. Por liberar a los padres de familia y alumnos de la desinformación sobre el mercado de universidades e institutos superiores que hoy los hace escoger a oscuras entre ellos. Y por liberar a los institutos superiores de las controlistas regulaciones que les impiden adaptarse a las necesidades de un mercado al que, para llegar a tener éxito en el largo plazo, tienen que poder satisfacer.

Estas figuras podrían ser alentadoras pues así como la cobertura de la educación básica ha mostrado importantes logros, podríamos decir que la expansión de la cobertura en la educación superior es un resultado deseable. Sin embargo, la evidencia de algunos estudios muestra que habría un importante subempleo por calificación particularmente presente entre las personas con educación superior. Por otro lado, otros trabajos han mostrado que los retornos económicos de invertir en educación superior no solamente son bajos sino que pueden ser hasta negativos. Todo esto configura una educación superior cuya calidad en conjunto puede estar siendo puesta en tela de juicio. Una rápida mirada del marco institucional sugiere una gran debilidad para la regulación de la oferta de este nivel educativo.